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«Sacrificial: la consagración de la primavera», de La Trenza Cultural: coralidad disruptiva; cuerpo y sonido, en movimiento

Redacción Puro Teatro 18 de julio de 2026 8 min de lectura
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En el marco de la edición XXXVIII del Festival Danza Nueva, en el Icpna de Miraflores, se presenta, por primera vez, nuevo proyecto del grupo La Trenza Cultural, dirigido por Luz Gutiérrez Privat. El montaje es una reinterpretación de «La consagración de la primavera», pieza con música original de Igor Stravinsky y coreografía de Vaslav Nijinsky, para la compañía Les Ballets Russes de Serguei Diaguilev, en París, en 1913. Esta obra supuso en su momento una polémica ruptura con el canon melódico habitual del ballet clásico y el consiguiente quiebre en la elegancia del movimiento por parte de bailarinas/es: música y cuerpos irrumpen con formas no figurativas, para llevarnos al baile frenético de una mujer hasta que muere de agotamiento, como ofrenda a los dioses. 

 Luz y su elenco, y el músico Abel Castro Larrea hacen suya la obra de Stravinsky y Nijinsky; la aterrizan en nuestra realidad bajo un acercamiento estético contemporáneo que mantiene el espíritu disruptivo del original. Una entrevista con Luz y un breve diálogo con Abel complementan mi experiencia con «Sacrificial (…)»; las siguientes líneas vierten mis sensaciones ante una performance coral que irradia visceralidad desde dentro espejada y potenciada por un tramado sonoro, visual y táctil que compone una atmósfera sensorial. 

La propuesta constituye el proyecto comisionado (encargado) por el Icpna a Luz y el colectivo, para construir una versión propia de esta pieza emblemática del ballet clásico; y es esta la obra que inaugura la presente edición de Danza Nueva, que alberga seis montajes de respectivas compañías.

  «Sacrificial (…)» presenta una versión libre que toma la idea inicial de una mujer sacrificada en una danza interminable, que compone el segundo acto de la obra de Stravinsky-Nijinsky, y la inserta en nuestra realidad a través de dos prácticas de vertientes distintas que convergen en la escenificación: un ritual de ofrenda con animales en algunas locaciones andinas peruanas; y el que experimentamos día a día como personas, en especial, las poblaciones más vulnerables. Respecto de lo primero, la puesta se nutre de la tradición ancestral de la wilancha, en la cual se extrae el corazón de ciertas especies (ovejas, toros, llamas) y se paga a la tierra con su sangre. En cuanto a lo segundo, es evidente todo el esfuerzo desmedido que nos lleva trasladarnos de un lugar a otro, alcanzar un logro; o, en el caso de poblaciones vulnerables, simplemente, ser, existir, como ocurre con las mujeres que sufren la violencia diaria en un país marcadamente machista. 

 Así, desde un inicio, la postura y movimiento de las/os danzantes vierten un despliegue corporal desgarrador, a corazón abierto, en el que se plasman energía, fuerza, en imágenes compuestas en pares y sub grupos, y como colectivo que canalizan «¿Dónde está el dolor?». Esto se complementa con un vestuario que deja ver las costillas de esos seres silvestres sacrificados (atavíos de tonos más pálidos en ellos, de aires más policromáticos en ellas; acorde con energías contrastadas entre unos y otras)… o (anota Luz) ese diseccionar de mujeres que son vejadas y «(...) puestas en una maleta». Así mismo, los materiales, por ejemplo, de corte metálico empleados en pasajes de la performance complementan la evocación de una animalidad humanizada que vierte el sacrificio en escena en conexión con el ritual de ofrenda de especies peruanas y con una cotidianidad agresiva que nos golpea día a día, con un lenguaje coral que abre un abanico de posibilidades a nivel corporal y sensorial.
«Sacrificial: la consagración de la primavera», de La Trenza Cultural: coralidad disruptiva; cuerpo y sonido, en movimiento — donde esta el dolor
«¿Dónde está el dolor?»
  En ese sentido, la labor de Abel Castro Larrea dialoga nítidamente con la puesta en escena, tanto durante la performance como a lo largo del proceso de construcción del proyecto, según confirma el compositor. Las voces de cuerpos paralelos de quince danzantes atraviesan la cuarta pared del auditorio teatral y surgen imponentes con los primeros acordes de la música de Stravinsky, con una fuerza visceral que copa el recinto. Desde el inicio, la consola de Abel se apropia de la pieza clásica como un plasma digital sinestésico (que involucra distintos sentidos) que dialoga con el trabajo coral danzante de las/os intérpretes. El tremor de textura metálica llega a un punto climático sensorial cuando amplifica el blandir de planchas escudo que parecen cortar el viento silente en escena: luz reflejada en el protector alumínico, tesitura agreste, sonido entran en sinergia que siento en la piel, amplificada en los parlantes que resuenan no para tomar protagonismo sino para potenciar el de los cuerpos que se plantan, azotan y presionan el movimiento. 

Y hacia el final, la simbiosis performers-sampler me parece sobrecogedora. Voces y envergaduras que las sostienen viran de los vértices a un espacio cenital que clama como un solo ser colectivo, como preámbulo de la danza interminable de una sensibilidad femenina que vierte la aflicción propia con entraña expuesta. Animalidad y humanidad convergen multisensorialmente para desplegar el sacrificio de una mujer que sangra por dentro y despliega sus costillas viscerales con todo el cuerpo, en el centro de una energía coral in crescendo.

  «Sacrificial: la consagración de la primavera» expone y subvierte en físico, movimiento y texturas visuales-sonoras el espíritu revolucionario de Stravinsky-Nijinsky. La pieza constituye un sugerente espacio para acercarnos a un quiebre clásico con una mirada disruptiva que despierta nuestros poros y nos envuelve de principio a fin a lo largo del recinto teatral del Icpna de Miraflores. La Trenza Cultural nos sobrecoge para que atravesemos la condición humana desde su animalidad, que hiere y duele, y se ritualiza en prácticas ancestrales, en nuestro diario recorrido contra el viento y el tiempo. El proyecto fue encargado por el Icpna para que la agrupación dirigida por Luz Gutiérrez Privat reinvente un clásico inicialmente polémico en el campo del ballet clásico y lo haga suyo. 

Esta es la puesta que inaugura la presente edición Danza Nueva y un acercamiento sensible para adentrarnos en el mundo sugerente de la danza contemporánea. Cinco proyectos más toman parte en el festival en curso: el comisionado para la edición precedente y los cuatro seleccionados tras convocatoria en el presente año (y las seis compañías brindan clases maestras respectivas en la sede del Centro de Lima del Icpna). 

  «Cuerpos profundos» (17 y 18 de julio), de Giorgio Ramos, con performance de los estudiantes del ballet de cámara de la Escuela Nacional Superior de Ballet, es la segunda puesta en el festival. La pieza plasma, en dos actos, un tránsito poético y conceptual de la juventud vital a la adultez incierta. «

Tensar el presente/Hilar el futuro» (21 y 22 de julio), obra consagrada del grupo Íntegro, dirigido por Oscar Naters, podrá apreciarse nuevamente después de distintas presentaciones exitosas. Esta puesta conmemora los cuarenta años de trayectoria del grupo, a través de escenas que componen en modo corporal y multimedia experiencias diversas (vínculos amorosos, violencia, mitos, ritualidad), que reflejan el recorrido artístico de este colectivo emblemático.

  «IN» (26 y 27 de julio), de Médula Danza, conducida por Carla Picó, es el cuarto proyecto en el festival. Tenemos una puesta inmersiva que concilia cuerpo y voz, con música original, que, en conjunto, invitan a una mirada a lo bello, oscuro y luminoso, de nuestro interior, como correlato de su manifestación externa.

  «El siervo» (1 y 2 de agosto), del reconocido Colectivo Ángel Demonio, retoma escena en «Danza nueva». Inspirada en la tradición de los Diablicos de Túcume, del norte del Perú, que articula religiosidad popular, la performance constituye una experiencia de textura visual y sonora, que plasma en lo ritual humano-animal la resistencia cultural prehispánica como expresión del sincretismo que atraviesa nuestro país.

  «Romeo y Julieta» (7 y 8 de agosto), la obra comisionada a Hevia Dance Company para «Danza nueva 2025» clausura la presente edición del festival. El músico Fabián Arroyo hace suya la emblemática composición de Serguei Prokofiev, con una mezcla más contemporánea para una puesta dirigida por Pepe Hevia.

  Danza Nueva nos propone y expone ante un conjunto de proyectos que vierten energía con un lenguaje provocador que involucra más que cuerpo, desde distintas miradas que van de lo ritual místico a lo terrenal, de lo andino a lo urbano, de lo exterior a la exploración interna. Encontramos diferentes modos de acercarnos al movimiento en performances que nos envuelven sensorialmente trascendiendo líneas figurativas, atrapándonos con diversas manifestaciones de discurso simbólico que, desde mi posición de espectador no conocedor de danza contemporánea, me interpela siempre en esta disciplina de vocación vanguardista. «Sacrificial: la consagración de la primavera» es la primera de estas piezas que componen la edición XXXVIII del festival en proceso; resulta refrescante que podamos conectar y sumergirnos en la propuesta de La Trenza Cultural y cinco despliegues más de catarsis física, emocional, sinestésica. No toda manifestación artística necesita pasar por un tamiz racional; permitamos dejarnos llevar por las reacciones instintivas de nuestra piel. Cada experiencia de pura sinergia inicia a las 8 PM. 

Paulo César * 
*Paulo César Polo Chávez es creador escénico. Conduce La Mirada de Leandro, espacio de entrevistas, análisis y reseñas, y difusión de proyectos en ese campo artístico, en la red social Instagram.
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