«(…) ten respeto, por favor, por mi cariño que aún no ha muerto». (1)
«Cariño malo» es una obra queer en formato de radionovela, escrita por Alejandro (Jano) Clavier, reconocida por el concurso de dramaturgia Ponemos tu obra en escena, del Teatro Británico, en la edición 2024; y beneficiaria de las Ayudas a la Producción Internacional de Iberescena. La pieza teatral es dirigida por Jano, con dirección adjunta de Claudia Tangoa; e interpretada por Sebastian Stimman, Diego Salinas Rocha y el propio Jano.
Luego de una muy exitosa temporada en 2025 y participación en el FAE Lima 2026, la puesta producida por Ministerio de la Belleza, en coproducción con Sala de Parto y Teatro La Plaza, se acerca a su fin de temporada en este recinto, estrenada con jet lag risueño tras bajarse del avión de su ovacionada presentación en la Mostra Internacional de Teatro Cómico e Festivo de Cangas (MITCFC), en Pontevedra, España.
«Cariño malo» compone un melodrama sobre la vida de Silvio, un hombre de 40 años que busca zafarse del mango heteronormativo que lo ata a su casa y como persona. El montaje se construye con un acercamiento sensorial tecnológico y artesanal, especialmente sonoro expuesto para situarnos en tiempos pre digitales, en los que la radio tenía un rol protagónico para informarnos, para regalarnos música, para entretenernos con historias que cantan con corazón abierto pero que mantienen el pecho cubierto.
Tenemos un hombre gay maduro con despertar sexual diferido, que encuentra en la actuación una válvula para dejar de verse forzado a ser el hijo de mamá. La trama sigue el quehacer de Silvio en el casting y grabaciones de la serie audiofónica en que participa, y el recorrido tortuoso antes y después de cada registro. Así, la obra de Jano Clavier nos confronta con dos niveles secuenciales que oscilan entre sí y convergen narrativamente: el de Silvio y sus compañeros de elenco radioteatral; y el de la historia pasional que relatan, protagonizada por el propio Silvio (como "intra personaje"). La ficción y la vida del artista que la interpreta van y vienen, y se fusionan en una sola, entre los prejuicios que enfrenta en hogar, calle y trabajo; y el personaje que grita homofobia como máscara que recubre el dolor ante la impotencia de simplemente ser, en tono que distiende verbo en el goce expreso del cuerpo. Mas hay un tercer nivel, el que atraviesa la propuesta estética del montaje: Sebastian, Jano y Diego recrean acústicamente ante nosotras/os los dos hilos argumentales anidados entre sí, con recursos precarios, y vocalidad impostada y (por momentos) caricaturizada que evidencian la realidad radial-metaradial homofóbica en que nos sumergen.
El despliegue actoral se inserta en un marco de énfasis sonoro y visual inmersivo que nos abraza y envuelve. Todo este universo incidental se construye con elementos cotidianos vivaces, enmarcados por un sampler digital (aplausos para Kayfex y Favio Rojas) que tiñe un velo mórbido sobre una energía con ansias de luz. Silvio, efectivamente, participa como actor de un drama de radioteatro desde un detrás de micros, con otros colegas encarnados por Diego y Jano. Ante nosotras/os, los tres actores/personajes crean los sonidos (foleys) que nos insertan auditiva y visualmente en la amplitud modulada (AM) como si moviéramos la perilla de una radio de madera, a través de implementos tan artesanales como el mediado de siglo XX que rememora la obra. Botas manipuladas en distintos ritmos para recrear los pasos del protagonista de la serie sintonizada, matracas efusivas, caja criolla (instrumento de percusión) que golpea, bisagras que rechinan, ósculos efusivos en la palma de la mano propia, autopalmadas ostensibles en la espalda, todas/os bajo una composición incidental oscura, configuran (diseño genial de Guadalupe Otheguy) un mundo que vemos en su urdimbre para transportarnos sonoramente al universo de Silvio actor y personaje, al inmueble poblado de recovecos que retiene su crecimiento, al espacio social de una historia anacrónica que persigue al protagonista y su entorno que “no calza” con el statu quo censor monocromático. Somos testigas/os del detrás de parlante desplegado ante nuestros ojos y oídos que nos coloca como radioescuchas visuales y que nos recubre con ese yugo homofóbico del que Silvio huye a través de la propia ficción que lo encarcela. El trío de intérpretes desarrolla una función performática que activa su rol como ejecutores de una historia e intrahistoria difuminadas entre sí; y, al hacerlo, nos ubican con un distanciamiento respecto de ellas que nos interpela lúdica y sensorialmente ante una realidad develada desde la diégesis (relato) metaficcional.
En breve, el frenesí coreográfico de Sebastian, Jano y Diego corriendo y saltando de un punto a otro en escenario espacialmente prolijo dentro de su caos aparente (crédito a Magali Acha), ante nosotras/os me evoca la ejecución de un recital de beats electrónico en ritmo de vals, en un estudio de grabación de DJs claroscuro de estética distópica como la atmósfera nihilista en que nos vierten el verbo procaz sexual explícito (obsceno, en palabras de Jano) pero coqueto de soslayo, y el saco y bigote que rebalsan a los intérpretes-personajes porque no los identifican. El cuerpo cómico de gran garbo y voz en tono cine negro de bar en los 40 en varieté queer (licencia metafórica mía y más allá de que la obra remita a los años 60), los ruidos manuales y la acústica digital, en conjunto, nos sumen en el mundo interno del protagonista personificado por Sebastian, en contrapunto simbiótico con las intervenciones en personajes múltiples de Diego y Jano. La madre con construcción vocal y gestual-corporal (desde mi percepción) esperpénticas; el compañero amante de voz tan engolada como los palmetazos en el dorso, en oposición a la más afeminada del velador de la madre y guía sexual de Silvio; y los relatores radioteatrales afincados a los foleys que elaboran en el nivel metanarrativo componen un coro cromático oscuro que va desvistiendo en argumento los indumentos faciales evidentemente impostados para cerrar paso a la desnudez del rostro translúcido y colorido.
Y sí, todo este caminar diario emocional no se desenvuelve con el drama que motiva su discurrir sino con comicidad fina sonriente como incisiva que nos invita a conectar con la puesta y digerir con afabilidad el trago amargo que nos espeta entre carcajadas. La creación manual de foleys en tiempo real no solo resulta original sino que se plasma con intensidad extrema con un efecto exagerado que produce risas empáticas y cómplices con los avatares de personajes que esconden su identidad bajo una masculinidad exacerbada ante nuestra sensorialidad, “ecuánime” para el gran hermano (castrante) sonoro omnisciente. Nos conectamos con una estética humorísticamente sobredimensionada en su forma, auténtica en su visibilización de un mundo oculto por la frecuencia de una radio que toca el dial sin sintonizar la realidad de muchas/os de quienes ponen play en casa o de quienes manejan la cabina.
«Si tú nunca fuiste fiel
y me fingiste aquel amor perverso,
ten respeto, por favor,
por mi cariño que aún no ha muerto».(2)
Esa realidad celada a través de un código velador aflora sin revestimiento en el montaje a través de la música criolla como manifestación artística que ambienta la puesta bajo una resignificación del melodrama. En «Cariño malo», la voz del vals se expide límpida, desde dentro, con una transparencia que sobrepasa cualquier holgura del atavío o mostacho impuestos por una vena jaranera patriarcal pegada con el rudimento masculino que antes que alejarnos del cajón no viril nos (o me) acerca (estereotipadamente hablando) al bar gay con gorra de cuero negra. Los desencuentros de hombre-mujer/mujer-hombre son redefinidos en el vehículo vocal de un yo castrado por una cultura de rompe y raja, en gran medida, heterohegemónica. En la puesta, «Este secreto que tienes conmigo nadie lo sabrá» inserta el conocido vals en la experiencia queer que resignifica el cariño “malo” y el melodrama como género.
En la obra de Jano, el cariño “malo” es un amor sancionado socialmente, perseguido policial y punitivamente; pero, también, el de la madre que lo encarna hasta que se emancipa de la mordaza prejuiciosa que la constriñe y se deja llevar por su libido tan sincera como la voz prístina que melodiza en escena; y el del cuidador-amante de la progenitora, que toma las enseñanzas a su “hijastro” para ahora despojarlo de refugio físico y afectivo. Ante esa aura chauvinista en forma y fondo, entonan con diafanía Silvio y sus compañeros de radio, interpreta el Silvio traicionado por quien acogía el deseo postergado del protagonista y hoy «(…) me fingiste aquel amor perverso (…) »; dejan oír su voz Sebastian, Diego y Jano. El melodrama criollo se desviste en vivo de artificio y se interpreta con la transparencia poética que no juzga «Cómo será mi piel junto a tu piel» y resemantiza la toxicidad canónica monocromática y machista por un canto a pecho queer descubierto.
«Cariño malo» constituye una pieza que siento sumamente creativa y honesta. A través de un discurrir metaescénico en tres niveles diegéticos, nos envuelve con una sonoridad rudimentaria exhibida y una acústica incidental onírica sombría, en un mundo con aires futuristas anquilosados en un ayer de jarana a micro en banda angosta. Mas, con ese lirismo criollo, muchas veces desgarrador, la puesta revive el fragor de quienes cantan su pasión cercenada por el callejón del murmullo, de la tolva ensordecedora. El montaje edifica artísticamente un culto a la belleza sincera que lo produce, que reviste de humor vocal y visual finamente ácido una temática dura y dolorosa, para subvertirla. La historia de Silvio habita cada día una realidad que se construye escénicamente como función distópica hacia el pasado, que se respira en cada esquina de nuestro presente. El capítulo de esta radionovela tiene cuatro emisiones más en el teatro La Plaza en horas previas a la aventura nocturna (10:30 PM); viernes y sábado hasta el 25 de julio, y en plena distensión de 28 y 29 de julio. El viaje tras bastidores te espera con oídos despiertos ante un vals de antaño, con la mirada abierta a un saco que canta por un talle no silente.
Paulo César *
*Paulo César Polo Chávez es creador escénico. Conduce La Mirada de Leandro, espacio de entrevistas, análisis y reseñas, y difusión de proyectos en ese campo artístico, en la red social Instagram.
(1) En «Cariño malo», vals escrito y compuesto por Augusto Polo Campos
(2) Ídem




