COLUMNISTA INVITADO

«Tradiciones en salsa verde», de Ricardo Palma, en Sala Tovar: costumbrismo republicano en modo vodevil

Versión escenificada de historias del emblemático cronista republicano llega por la Asociación Cultural Teatro de Cámara, bajo dirección de Rafael Sánchez Mena.

La puesta combina narración oral y representación actoral, y canto. El montaje presenta ocho situaciones subidas de tono para su tiempo de escritura (y, sorprendentemente, todavía para nuestros días) anunciadas por el propio Palma (Rafael) como anfitrión y recreadas por cuatro actores/actrices más: Carlos Victoria, Lucía Brozovich, Malena Rospigliosi, Gian Marco Valle.

Recordemos que las Tradiciones de Palma parten de sucesos concretos registrados o recogidos en crónicas, y son ficcionados por el autor con un sentido satírico. Personajes ilustres son caricaturizados así como algunos de a pie; estos últimos aparecen, muchas veces, mejor parados… por apelación al ingenio, lógica común… o a la criollada; otras, con mirada condescendiente que retrata, por ejemplo, al poblador indígena como inocente, ingenuo. Como confirman Rafael y Carlos, con cada uno de los cuales pudimos conversar un momento, estos textos de Palma componen relatos costumbristas con una mirada republicana de alguien considerado de avanzada para su época (más allá de un tufillo paternalista clasista y con aires machistas, visto con ojos más contemporáneos).

Ahora, «Tradiciones en salsa verde» constituyen un conjunto reducido de relatos (alrededor de doce… o hasta dieciséis, según tal o cual fuente) inspirados en dimes, diretes, enredos que Palma recreaba y compartía con su entorno más íntimo, en vista de que el autor los consideraba muy procaces para ese entonces tanto por su contenido erótico como por su lenguaje coprolálico y obsceno para oídos aristocráticos decimonónicos… como para muchos pudorosos y pacatos de hoy. Estos textos fueron escritos por un Palma entrado en años (nació en 1833), entre 1901 y 1904 (vieron la luz pública bastante tiempo después de su muerte, en la década de 1970). ¿Por qué salsa verde? Rafael nos explica que la expresión proviene de la culinaria peruana, muy rica en picantes, verdes entre ellos, y que el calificativo cromático se extendió al discurso humorístico tan caliente como el ají de cocina; uso lingüístico descontinuado hoy en día (con rezago mínimo en la expresión viejo verde).

Entrando ya en la pieza a cargo de Asociación Cultural Teatro de Cámara, Rafael selecciona ocho de estas anécdotas, las más teatrales, apunta él, en las que los enredos de faldas, impulsos carnales y doble sentido marcadamente sexual, atravesados por prejuicios racistas, clasistas, de género ponen en jaque, vulnerabilizan y humanizan seres tan ilustres como Bolívar o Rázuri, como reafirma Carlos; o tan cotidianos como el capataz o el campesino de hacienda. El propio Palma que construye Rafael actoralmente y en guion, y mostrado como presentador de esta revista de variedades costumbrista, aparece como hijo de esta serie de ismos de burbuja aristocrática de café en que se movía este cronista criollo, ex militar… y que aún resuenan hoy (y no solo «en la “mejor” calle de San Isidro» -«Hay que quitarse la careta», anota Rafael).

Ante nosotras/os, con una atmósfera lúdica propia de la comedia de enredos, las actrices/actores construyen, en total, alrededor de 30 personajes en sendas tramas que se articulan una tras otra, entre distintos momentos, locaciones y protagonistas de diversa posición socioeconómica y cultural. Desde la colonia a la república, del virreinato al periodo de emancipación, se engarzan unas historias y otras entre juegos teatrales y metateatrales que nos llevan de actores/actrices a personajes y viceversa; entre ellos/as y Palma como hilador o director dramático en escena. El cronista, en modo de narrador, anuncia la anécdota peculiar que veremos, siempre con aires satíricos en la sumilla misma; sus pares de elenco recrean la situación de turno. En cada cual y entre ellas, se apela al público para comentar tal o cual pasaje, gag o giro de la historia, o se lanza algún guiño pícaro a un personaje mismo o para mofarse de él. El equipo disfruta de cada situación pintoresca ofrecida al auditorio (Carlos dice divertirse muchísimo); este ríe en complicidad con las/os artistas en escena como con quienes representan.

Las tradiciones retratadas transitan entre sí coloreadas por tonderos, valses, compuestos para el montaje, interpretados por los personajes de turno y el propio Palma, en consonancia con los cabarets que aparecían en tiempos del autor, según apunta el director del espectáculo que apreciamos. Como montaje, estamos ante un vodevil, una varieté de historias sin trama común pero un hilo conductor en estilo o intención jocosa plasmado/a a nivel verbal como no verbal, hilvanadas por canciones de ritmos peruanos costeños que dan colofón a bochornos de alcoba y calle, de alcurnia como de pico y pala.

Y estas comedias de situación costumbristas con pluma de aura republicana se plasman con verbo expreso en la referencia a encuentros de cama o a la envergadura genital de militares ilustres (como en La pinga del libertador -más explícito, difícil) o figuras religiosas (en Un Calambur del Ciego de La Merced); con juegos lingüísticos para tomar el pelo a la pacatería de ciertos personajes reconocibles o empatizables, de tal o cual momento histórico (en las antes citadas o, por ejemplo, en El Lechero del Convento); con trabajo físico-vocal farsesco y una mano en la entrepierna; todo ello de la mano del repertorio musical mismo con estribillo juguetón que refuerza el efecto mordaz de la escena y pinta los enredos de tono pastel, sin salirse de los ritmos tradicionales acompasados.

«Tradiciones en salsa verde» ironiza rostros y chismes de tiempos precedentes que piden chascarrillos entre (nuestras) convulsiones vigentes. Esta propuesta va de viernes a lunes 8 PM (domingos 7 PM) en Sala Tovar (Calle Manuel Tovar 255, Casa del adulto Mayor de Miraflores, a altura de la cuadra 4 de la Av. Del Ejército). Entre acordes y sones coloridos que remiten a la plaza festiva jaranera, la puesta invita a reencontrarnos con anécdotas pintorescas (notables como anónimas) como varias celebres que abanicaron nuestros años de secundaria, escritas con la sonrisa socarrona del recordado tradicionalista, pero sazonadas estas con ají lascivo de vieja guardia, con el rubor pícaro y culposo de siempre. Puedes asegurar tu butaca en Teleticket (tarifas promocionales para adultas/os mayores y estudiantes).

Paulo César Polo Chávez (*)
Artista escénico.

(*) Conductor de La Mirada de Leandro, espacio de entrevistas y difusión de las artes escénicas en la red social Instagram.